sábado, 17 de septiembre de 2011


Cataluña - Espanya, ¿documental o mockumentary?


Viendo esta producción que, recordemos, pasó sin pena ni gloria por la cartelera española hace un par de años, me venía de forma espontánea a la mente el término mockumentary, término con el que se conoce a  los falsos documentales. Los hay muy famosos, como Holocausto Canibal, de Ruggero Deodato, que tuvo que presentarse en un tribunal con los actores para demostrar que no se los había comido una tribu africana, o La Verdadera Historia del Cine de Peter Jackson.


Por qué comento esto, pues porque considero que, aunque evidentemente Cataluña-España no pretende ser un falso documental, sí lo es de manera involuntaria; Isona Passola, su directora, nos intenta vender que su obra es la transmisión de un determinado aspecto de la realidad, en este caso de las, según ella, difíciles relaciones históricas existentes entre Cataluña y España. Sin embargo considero que lo que sí es este film es un producto de tesis; esto es, la voluntad de demostrar una determinada tesis previa mediante el uso de datos y entrevistas.

¿Cuál sería esta tesis? Resumiendo, que Cataluña vive una situación de explotación económica y de ridiculización cultural por parte del resto del estado español, y que la única solución a medio-largo plazo es tener un estado propio: "los castellanos envidiosos nos vacían los bolsillos y no nos dan ni las gracias, así que adiós".

No es mi intención decir aquí si la tesis de este "documental" es o no cierta. Sólo diré que a Cataluña-Espanya se le notan mucho los colores; está muy bien todo eso de que la objetividad no existe y que hay que tomar partido, pero si te ha pagado el documental la TV3 del tripartito, por lo menos hay que disimular un poco; sino ya por honestidad intelectual, por lo menos por vergüenza.

Veamos ahora brevemente las tesis preconcebidas y pétreas de las que parte Passola. En primer lugar, el hecho de que Catalunya y España son dos entidades político-histórico-culturales completamente diferentes es dogma de fe; es así y punto. La relación con lo que se llama "la España de origen castellano" es puramente de vecindad. En segundo lugar, Cataluña paga, contra su voluntad, los subsidios de los señoritos andaluces que no quieren dar un palo al agua. En tercer lugar, aquí en Cataluña todo el mundo era anti-franquista, mientras que los españolitos, con su Rey a la cabeza, tienen la mancha del franquismo en su expediente.

Como dije antes, no entraré aquí a juzgar la veracidad de estas afirmaciones, no es cosa que quede dentro de mis capacidades intelectuales; lo que me parece poco honesto son los medios, un poco burdos, con los que Isona Passola quiere demostrar su tesis. Así, está ausente del documental cualquier declaración altisonante de cualquier nacionalista; todos hablan "amb molt de seny". En cambio, los que ladran y agreden verbalmente son los españolistas. Las afirmaciones de los nacionalistas nunca son contrastadas, se transmiten y punto. Sin embargo, en el caso de Albert Boadella, que se sitúa claramente fuera de las posturas oficialistas, se utilizan imágenes de archivo para desmentirle; un recurso poco ético que recuerda a la infame entrevista que Michael Moore realizó a un envejecido y senil Charton Heston en su Bowling for Columbine.



En definitiva, por el doble rasero empleado, su falta de profundidad y ausencia de autocrítica, Cataluña-Espanya difícilmente gustará a los que busquen un acercamiento riguroso a los temas que se tratan. En resumen, la película de Passola es propaganda para los ya convencidos.


Dejando ahora un poco de lado la problemática principal tratada en el documental, creo que hay un tema que queda apuntado en algún momento y que sin embargo, por desgracia, no está lo suficientemente desarrollado. Me refiero al tema del papel de los estados. Hay un momento en que uno de los entrevistados afirma que el estado español, en la coyuntura actual, está obsoleto. Lo interesante aquí, y que el documental no se plantea, es si un hipotético estado catalán no nacería ya obsoleto. Hago está afirmación porque si la actual situación de crisis global ha demostrado algo, es la crisis de soberanía de muchos estados.

En efecto, la globalización de los mercados, los tratados jurídicos internacionales, la política monetaria única, son todos fenómenos que han hecho que el poder de decisión real de muchos estados en decisiones clave esté muy limitado. Es este un proceso real y actual que Catalunya-España no se plantea; las ganas de tener estado propio, ¿se corresponden con una necesidad real o simplemente son un residuo del nacionalismo romántico-alemán del siglo XIX (lengua-sentimiento-historia común)? Un estado, y más uno pequeño, en la  actual coyuntura internacional, ¿tendría una auténtica soberanía?

En fin, son temas interesantes que quizás tengan respuesta en algún futuro documental más incisivo y menos complaciente que Cataluña-Espanya.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Noche de Miedo (Craig Gillespie, 2011)

Un Remake con estilo


No me voy a poner pesado con eso de los remakes de Hollywood, la falta de creatividad bla, bla, bla. Me parece un debate demagógico, o lo que es peor, que anda escaso de memoria cinéfila. Ya no nos acordamos de cuando directores de prestigio (caso Alfred Hitchcock) hacían remakes de sus propias películas; o cuando autores europeos hacen remakes de éxitos norteamericanos, como hace poco Nikita Mikhalkov y su remake de Doce hombres sin piedad, de Sidney Lumet.



Los más viejos del lugar y los agregados  al revisionismo ochentero recordarán un pequeño clásico del cine de terror de aquella época: Noche de Miedo, el debut en la dirección del mediocre Tom Holland, autor también de otro sobrevalorado clásico de los ochenta, Muñeco Diabólico.

Noche de Miedo tenía varias virtudes; uno de los mejores posters que se hicieron en los ochenta, una gran idea argumental (eso de descubrir que tu vecino es un vampiro, pues mola) y un gran villano, el vampiro interpretado por Chris Sarandon, uno de los mejores que ha dado el cine reciente. Por lo demás, Noche de Miedo no era nada del otro mundo, así que tampoco hay que rasgarse demasiado las vestiduras ante la idea de resucitar una buena idea de guión con algo más de brío y energía que el original.


Lo primero que sorprende de Noche de Miedo 2011 es el nombre de su director, Craig Gillespie, que hace cuatro años dirigió la notable cinta Lars y una chica de verdad. Quien busque algún rasgo autoral en esta película que  no se moleste, no lo va a encontrar. Lo que sí va ha encontrar es una apañada y entretenida película que supera en muchos aspectos al original. En primer lugar los jóvenes protagonistas, Anton Yelchin e Imogen Poots, superan y en mucho a los originales. Collin Farrell se esfuerza por alejarse del elegante vampiro encarnado por Chris Sarandon y nos ofrece un vampiro-camionero-cervecero que se diría un burla a los melancólicos crepusculinos. Sin embargo donde la nueva Noche de Miedo gana por goleada es en el aspecto visual y en la construcción de las secuencias de suspense;  hay algunas muy logradas, como la que juega con la idea de que el vampiro ha de ser invitado para entrar a una casa y la de la entrada del protagonista en la casa del vampiro. En resumen, Noche de Miedo 2011 no es memorable, pero sí un digno producto fantástico, lo que no es poco.


Tema aparte es el uso del 3D. Cada vez veo más claro que hasta que el tema de las gafas se solucione la cosa no acaba de tener mucho futuro. Ver una película oscura y tenebrosa con gafas de sol pues como que no. El 3D queda muy bien cuando se juega con los títulos de crédito y con la profundidad de campo pero en la secuencias trepidantes no te enteras de nada. En fin, que sigo pensando que o se dedica mucho tiempo y esfuerzo en la fotografía y el montaje (el caso de Avatar) o el 3D, en lugar de meterte más en la película te saca de ella.